domingo, 8 de febrero de 2026

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 Ya estamos en Febrero, el tiempo va rápido. ¿Cómo has comenzado el año? ¿estás cumpliendo todos los propósitos que te marcaste o has comenzado a fallar en alguno?

Es normal que algún propósito de los que nos marcamos para el nuevo año, se caiga y no siga adelante, a veces porque eran expectativas muy altas, a veces porque quisimos abarcar demasiado, a veces, por pura desidia o por algún acontecimiento traumático en nuestras vidas que no lo esperábamos. 

Los propósitos no siempre se cumplen y en muchas ocasiones traen consigo frustración a nuestra alma.

La frustración no es solo por los propósitos no cumplidos, puede venir por muchas causas a nuestra vida y suele venir acompañada de decepción con nosotros mismos y si no paramos el bucle podemos llegar hasta la amargura, estar enfadados con el mundo porque no hemos conseguido lo que nos proponíamos.

Puede parecer una exageración lo que digo, pero si nos paramos a reflexionar detenidamente en el proceso, debemos afirmar que sí, en muchas ocasiones, la causa de nuestra amargura ha sido la frustración, y quizás, no ha sido algo muy grave, pero, al no confrontarla desde la raíz, ha ido creciendo hasta convertirse en un árbol grande, con raíces profundas en nuestro espíritu.

¿Cómo podemos discernir este proceso y, aún más importante, cómo podemos detener y salir de este proceso? 

Pues aquí entra de lleno la Palabra de Dios, la Biblia.

La Biblia no es solo un libro de estudio permanente, la Biblia es un libro vivo, tiene vida propia porque viene directamente de la boca de Dios mismo. Aunque escrito hace miles de años, nunca pierde vigencia, siempre es actual, como si se hubiera escrito hoy mismo.

La Palabra de Dios es tan viva, tan directa, que traspasa y llega hasta el interior de nuestro ser  (alma y espíritu). La Biblia llega hasta las necesidades más profundas de nosotros mismos y nos revela el estado de nuestro corazón, cuáles son los procesos emocionales a los que estamos dando lugar, nos ayuda a conocernos a nosotros mismos.

Pero, mejor aún,  nos enseña el camino de la salvación de nuestras frustraciones, decepciones, fracasos y el largo etcétera que llevamos a nuestras espaldas.

Y la salvación no es otra que JESÚS, el Hijo de Dios quién te ama tanto que estuvo dispuesto a dar su vida por ti, y llevar en sí mismo tus fracasos, frustraciones.....

¿Quieres ser libre de toda esta carga emocional?  Ven a JESÚS. Tú decides. 

 

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