jueves, 30 de julio de 2020

Para cerrar el tema de las etiquetas, por el momento, ya que este tema no se agota, me gustaría hablar un poco de los etiquetados, no sé tú, pero yo seguro que soy una etiquetada (y por más de una!).
¿Piensas que por ser un etiquetado eres más libre que el que etiqueta?
La Biblia (y la experiencia lo corrobora) dice que no. El etiquetado no es una victima, cuando tú no sabes quién eres realmente, ya no eres libre, y te estás dejando etiquetar, o al menos, te sientes controlado por esa etiqueta.
Aquí entra el tema del temor al hombre, hacer más grande al hombre que a Dios mismo, pero este tema quiero proponerlo más adelante, así que, déjame decirte, por ahora, que la verdadera libertad está en saber quién eres.
¿Y quién eres? Esta es la pregunta que se hacen miles de personas, quizás diariamente. ¿Quién soy? ¿cuál es mi propósito en esta vida?
¿Qué nos dice la sociedad al respecto? Pues la sociedad dice que tú eres tu propio dios, que tú eres capaz de todo, si te lo propones, que no necesitas a nadie para cumplir tus sueños, en definitiva, que el hombre es el centro del mundo.
No hay mayor mentira que ésta, que el hombre es su propio dios. De esta mentira se derivan todos los demás males del mundo a los que la Biblia llama pecado.
El orgullo del hombre por ser su propio dios y no dar cuentas a nadie más es lo que ha traído el sistema actual, el humanismo más acérrimo. Hemos desplazado a Dios para poner al hombre en el centro del universo, no queremos depender de nada ni de nadie, queremos ser autosuficientes y así nos va!!!!
Todo lo contrario es lo que encontramos en la Palabra de Dios. El hombre es un ser creado por Dios mismo, es la obra maestra del Creador, pero, un ser creado y creado con un propósito principal y esencial, glorificar a Su creador, adorarle, obedecerle y servirle con todo su corazón.
De esta forma encuentras la libertad, porque cuando reconoces que Dios y no el hombre es el Ser Supremo de la creación y que he sido creado para alabarlo, amarlo y servirlo ahí encuentro mi dignidad y mi libertad, porque ahora sé quién soy verdaderamente, un hijo de Dios. El es quien me da la verdadera identidad, no los que me etiquetan, ni siquiera los que me quieren bien, ningún ser humano (y por supuesto, ni bienes, ni honores, ni status, ni......añade aquí lo que quieras) pueden darte identidad, solo tu Creador cuando decides reconocerlo como el Señor de tu vida.

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