domingo, 9 de mayo de 2021

Hablando con algunas personas recientemente me contaban que habían tenido un herpes y que al no encontrar mucha ayuda en la medicina convencional acudieron a un curandero. ¡Y esas personas se llaman cristianas! Dicen creer en Dios, sin embargo, cuando tienen un problema no piden ayuda al Dios milagroso, sino al curandero milagrero.

Hay una diferencia abismal entre uno y otro.

El curandero no recibe sus supuestos poderes o dones de Dios, muy al contrario, si tiene algún poder sobre la enfermedad viene dada por el enemigo de Dios, el diablo. Os reto a que lo comprobéis.

Pero Dios sí hace milagros, desde que se fundó el mundo, Dios su Creador, ha venido sometiendo la naturaleza y la enfermedad a Su infinito poder. No hay más que leer la Biblia y está plagada de lo que Dios hizo de forma sobrenatural, los Evangelios donde se narran muchos de los milagros que hizo Jesús en su tiempo y en la actualidad sigue haciendo milagros cada día.

Por tanto, Dios es milagroso. 

Pero también Dios abre caminos donde nosotros solo vemos montañas infranqueables, puertas cerradas, desiertos sin fin. Para Él no hay barreras infranqueables, no hay puertas que se le resistan, crea oasis en los más aridos desiertos.

Y Él no es hombre para que mienta, nosotros podemos hacer multitud de promesas a otros y ¿cuántas realmente cumplimos?. Pero Dios nunca falla, siempre cumple Sus promesas, lo que El dice se cumple en Su tiempo y a Su hora.

Y Él es Luz en la oscuridad, cuando estamos perdidos, cuando no sabemos hacia dónde dirigirnos porque la oscuridad nos ciega, la desesperación nos ahoga, Dios puede venir a nuestro encuentro, si tú lo llamas y darte toda la luz que necesites para tu camino.

No sé qué clase de Dios tienes tú, en el que yo he puesto mi confianza es un Dios infinito en poder, un Dios que nunca falla, un Dios que me alumbra cuando me veo envuelta en  tinieblas.

¿Quieres conocerlo? Llámalo y Él te responderá
 

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